Mark Sobhani
Diya M. luchaba con los desórdenes alimenticios, incluido uno llamado ortorexia.
Diya M. necesitaba subir de peso; eso fue lo que dijeron los médicos. Estaba en octavo grado y la habían internado por su anorexia, un trastorno de la alimentación que consiste en una severa restricción de calorías y, a menudo, una pérdida de peso muy perjudicial para la salud. “Venía mal hacía meses —dice Diya—. Luego mi salud llegó a un punto en el que me llevaron de urgencia al hospital y me sometieron a un programa de recuperación”. Parte de la recuperación implicaba trabajar para recobrar el peso que había perdido.
Al igual que tantos otros adolescentes en busca de algún tipo de orientación, Diya se volcó a las redes sociales. Allí encontró publicaciones sobre “ganar peso con proteínas” y consejos sobre aumentar de peso sin aumentar en grasa. Cuanto más contenido veía, más se llenaba su cuenta de estos videos. Pronto, toda su página de “Para ti” estuvo repleta de influyentes de la gimnasia y clips de “Lo que como en un día”, contenido interminable que argumenta que con la alimentación “limpia” y ejercicios intensos, Diya podría aumentar de peso solo con masa muscular.
Inspirada por esas publicaciones, Diya eliminó de su dieta grupos enteros de alimentos, entre ellos el azúcar y prácticamente todas las fuentes de grasa. Dejó de comer con su familia porque no podía controlar todos los ingredientes, y eligió en cambio prepararse todas las comidas ella misma. Pasar tiempo con amigos se tornó más difícil, porque muchos de los planes incluían comida que se resistía a ingerir. Pronto, una gran parte de su tiempo acabó girando en torno a la búsqueda y la preparación de recetas “limpias”. Diya creía que su dieta era sana, pero por dentro estaba agotada, ansiosa y cada vez más sola.
No fue sino hasta que Diya fue a ver a su médico que se dio cuenta de que su recuperación se había descarrilado seriamente. Sus análisis de sangre revelaron que los niveles de azúcar y calcio estaban muy por debajo de lo normal. Y su estrógeno, una hormona importante para las niñas durante la pubertad, estaba indetectable. “Yo creí que estaba siendo supersana, pero mi cuerpo decía otra cosa”, dice.
La experiencia de Diya tiene un nombre: ortorexia. Describe un enfoque desmedido en comer solamente alimentos “limpios” o en seguir reglas alimenticias muy estrictas. Y más y más adolescentes están lidiando con este problema, a menudo sin darse cuenta de que sus supuestos estilos de vida saludables se han convertido silenciosamente en algo peligroso.