Imagina un castillo rodeado de guardias. El trabajo de los guardias es proteger el castillo de los invasores. ¿Qué pasaría si en lugar de proteger el castillo, los guardias se dieran vuelta y empezaran atacarlo?
Esa es una forma de ver las enfermedades autoinmunes. Al igual que los guardias, el sistema inmunitario es la defensa del cuerpo contra los invasores externos. Es una red de órganos, células y proteínas que evitan que te enfermes todo el tiempo a causa de gérmenes que acarrean enfermedades. Pero cuando alguien tiene una enfermedad autoinmune, su sistema inmunitario ataca en vez los tejidos de su propio cuerpo. “Los guardias terminan por dañar el castillo”, explica Ann Marie Reed, profesora de Pediatría de la Universidad de Duke en Carolina del Norte, que estudia enfermedades autoinmunes en niños.
Hay más de 80 dolencias que caen bajo el paraguas de enfermedad autoinmune, y muchas cosas que los investigadores desconocen sobre estas enfermedades. Algunas son genéticas (pasan de un pariente a otro) pero, en la mayoría de los casos, los científicos no están seguros de qué causa una condición autoinmune. “Hay una idea equivocada con respecto a los niños con enfermedades autoinmunes, como si ellos hubieran hecho algo mal —dice Reed—. Y no es el caso”.
Las enfermedades autoinmunes son enfermedades crónicas. Esto significa que las personas que las padecen a menudo deben manejar sus síntomas toda la vida. Por suerte, existen tratamientos efectivos para la mayoría de estas afecciones. Algunas personas con enfermedades autoinmunes son capaces de vivir con normalidad. Pero para otras, manejar los síntomas es una lucha constante.
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