¡Lo hiciste! Tienes en tus manos dinero que es todo tuyo. Guardaste dinero de cumpleaños, de cuando cuidaste a los niños de tus vecinos o de cuando serviste helado en el centro comercial. Trabajaste duro para ganar ese dinero. ¿Ahora qué vas a hacer con él?
Quizá lo quieras gastar hoy mismo, como en unos tenis nuevos, o ahorrar para un objetivo a corto plazo, como comprarte una bicicleta nueva. O quizá pienses en grande: en estudiar un posgrado, en comprar tu propia casa, o en una idea para un negocio multimillonario…
Si quieres ahorrar para objetivos a largo plazo como estos, invertir es una excelente opción. Invertir es gastar recursos en algo que te beneficiará en un futuro. Por ejemplo, cuando estudias para mejorar tus notas o cuando practicas tu tiro a distancia durante la práctica de baloncesto, inviertes tiempo y energía.
Cuando hablamos de dinero, invertir significa comprar algo hoy cuyo valor puede aumentar a lo largo del tiempo. Después de todo, si te compras esos tenis, el dinero que gastaste desaparece. Pero si pones dinero en una cuenta de inversión, su valor puede aumentar, de a poco al principio, luego más y más rápido, como una bola de nieve.
Además, no necesitas un montón de dinero para empezar. “Puedes empezar a invertir sin importar cuánto dinero tengas”, dice Carly Urban, economista de Montana State University. Invertir desde jóvenes es una excelente idea, dice Urban, porque le da al dinero tiempo de crecer. El dinero que produces puede producir más dinero, lo cual puede producir MÁS dinero todavía. Esto se llama capitalización compuesta. Sigue leyendo para aprender sobre sus fundamentos.