Admito que los teléfonos te distraen, pero la seguridad de los estudiantes debe ser prioritaria. El año pasado, mi escuela debió cerrar por una emergencia. Durante el cierre, un compañero se quedó encerrado en el baño. Por suerte, tenía su teléfono, y así pudo coordinar con el profesor para pedir ayuda. Cuando levantaron el cierre, yo envié un texto a mis padres para avisarles que estaba a salvo. Luego descubrimos que había sido todo una falsa alarma. Pero en cualquier caso, los teléfonos fueron esenciales para nuestra seguridad y bienestar, tanto durante la experiencia como después. Además, los teléfonos son herramientas educativas útiles. Probablemente tengamos teléfonos el resto de nuestras vidas. Debemos poder usarlos con facilidad en la escuela, tanto por seguridad como para mejorar nuestra educación.
–McKenna Chang, estudiante de décimo grado